Puede que los científicos del Conicet abrieron la primera puerta a la posibilidad de recuperar la audición en personas que la han perdido. Una reciente investigación explora un singular proceso biológico: la capacidad de regenerar completa e ilimitadamente los tejidos.
Natalia Lavalle, física y autora de la investigación participó como becaria del Conicet en el Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos (IFLYSIB, CONICET-UNLP). “Conocer cómo es posible para algunos organismos reparar y restaurar la función y estructura de un órgano u otra parte del cuerpo dañada es el primer paso fundamental", detalla Lavalle en el sitio web del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas (Conicet) "Con esos datos podemos saber si es una característica que los seres humanos alguna vez tuvimos pero perdimos con la evolución, y si eventualmente persiste en nuestro ADN y hay alguna forma de recuperarla”, explica la científica en referencia al estudio, publicado en la revista Journal of Theoretical Biology.
Cooperación internacional
La investigación fue realizada en colaboración con el Centro Helmholtz de Múnich, Alemania, y la Universidad de Nottingham, Reino Unido, que en conjunto tomaron como objeto de estudio al pez cebra. La especie tropical originaria de Asia es dueña de una asombrosa capacidad: tras sufrir daños, el animal recupera tanto la funcionalidad como el tamaño del órgano afectado en una semana, proceso guiado por la comunicación entre células vecinas.
“Por su función, podríamos decir que es parecido a nuestro oído interno, y esto es muy interesante porque los humanos no podemos recuperar la audición si sufrimos allí algún daño. Nuestra investigación ayuda a entender cómo se activa la respuesta regenerativa y, lo más importante, cuándo y por qué se detiene”, explica Lavalle.
En los experimentos, el pez cebra logró reconstruir hasta un 90% del órgano dañado en un plazo de siete días, partiendo de solo cuatro a 10 células sobrevivientes. De acuerdo con el estudio, la clave reside en una “señal de detección local”: las células comienzan a multiplicarse hasta quedar rodeadas por un número específico de vecinas de su mismo tipo. Esta proliferación se detiene una vez alcanzada la estructura original del tejido.
¿Para qué serviría?
En los experimentos, el pez cebra logró reconstruir hasta un 90% del órgano dañado en un plazo de siete días, partiendo de solo cuatro a diez células sobrevivientes. De acuerdo con el estudio, la clave reside en una “señal de detección local”: las células comienzan a multiplicarse hasta quedar rodeadas por un número específico de vecinas de su mismo tipo. Esta proliferación se detiene una vez alcanzada la estructura original del tejido.
Las similitudes entre el ADN del pez cebra y el humano abren la posibilidad de investigar técnicas que activen células madre para reparar órganos sensoriales dañados en personas.
Lavalle indicó que, aunque muchas adaptaciones regenerativas se han perdido durante la evolución, parte de esa información todavía persiste en nuestro material genético: “Entender cómo las células ‘cuentan’ cuántas vecinas tienen y cuándo detener su proliferación puede ayudarnos a diseñar estrategias para la recuperación de funciones sensoriales en humanos”.